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Hace ya dos meses que falleció el premio Nobel José Saramago a los 87 años tras su larga enfermedad de leucemia crónica. 

Aunque nació en Portugal, él consideraba la isla de Lanzarote "sua casa". Este lugar fue su refugio cuando se desató la polémica en su país natal por la publicación de la novela El evangelio según Jesucristo. Amaba tanto su nuevo hogar que se implicó activamente en iniciativas locales como la de la Fundación César Manrique así como vivió con especial cercanía el drama de la inmigración clandestina. Allí encontraría la inspiración para sus últimas novelas y en  el pueblo de Tías, donde había fijado su residencia temporal desde 1995 cesaría su existencia.

Aunque Saramago alcanzó el éxito principalmente gracias a una treintena de novelas - Ensayo sobre la ceguera, La balsa de piedra, La caverna, Las intermitencias de la muerte o El viaje del elefante, entre otras tantas.- también nos dejó bellas y sencillas historias para niños como La flor más grande del mundo o El cuento de la Isla desconocida. Sin embargo, en su obra no destaca demasiado este género porque como él mismo explicó, "las historias para niños deben escribirse con palabras muy sencillas, porque los niños, al ser pequeños, saben muy pocas palabras y no las quieren muy complicadas." Y el escritor se disculpó aclarando que le gustaría saber escribir esas historias, pero nunca ha sido capaz de aprender, y eso le daba mucha pena. "Porque, además de saber elegir las palabras, es necesario tener habilidad para contar de una manera muy clara y muy explicada, y una paciencia muy grande. A mí me falta por lo menos la paciencia, por lo que pido perdón".

De La flor más grande del Mundo se rodó un cortometraje de animación dirigido por Juan Pablo Etcheverry, con música de Emilio Aragón y narrado por el propio Saramago, que fue nominado a los Goya en 2008. Se trata de una breve película colmada de símbolos y enigmas, destinado a una infancia que crece en un mundo quebrado por el individualismo, la desesperanza y la falta de ideales.



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La Maison en Petits Cubes es un extraordinario corto de animación dirigido por Kunio Kato que entre sus diversos premios destaca por haber logrado el Oscar a mejor corto de animación con este trabajo en 2009. 

En esta breve película y a través de la vida de un solitario anciano octogenario que se aferra a sus raíces, se realiza una sutil crítica a las consecuencias catastróficas del calentamiento global en un futuro no tan lejano como parece

El protagonista es un luchador nato y resignado que vive entre cuatro  paredes levantadas por él mismo y cimentados sobre sus moradas anteriores que poco a poco han sido sepultadas por el creciente nivel del mar. Con cada metro de profundidad oceánica se hunden también los recuerdos de aquel tiempo pasado que fue mejor. De ellos, ya únicamente queda la memoria inmortalizada en instantes fotográficos, todos ellos colocados en la pared: abuelos, padres, hijos, nietos; generaciones que saturan sus pensamientos todo el tiempo. 

Sin embargo, una circunstancia inesperada le obliga a sumergirse en las profundidades, geográficas y sentimentales, sirviéndose de este  modo para mostrar al espectador de una manera conmovedora el recorrido vital del anciano y su lucha contra las fuerzas de la naturaleza.

Colmada de flashbacks esta historia en la que los diálogos se hacen innecesarios, emociona, atrapa y realmente no tiene desperdicio. 


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En 1945, Salvador Dalí realizó un acuerdo con la compañía Disney para llevar a cabo un proyecto conjunto en forma de corto de animación. El fruto de esta prometedora colaboración sería Destino, empleando el título homónimo de su banda sonora, compuesta por el mexicano Armando Domínguez. Sin embargo, con el storyboard y la historia ya escritos, y las pinceladas del pintor surrealista preparadas, la película no pudo realizarse por los graves problemas económicos que atravesaba tras la Segunda Guerra Mundial la empresa de Walt Disney. 

Sería más de medio siglo después, en 1999, cuando el sobrino del magnate de la animación, Roy Edward Disney, decidiera recuperar el original trabajo. Los estudios de Disney en Francia junto al director Dominique Monfrey  fueron los encargados de descifrar el críptico guión gráfico de Dalí y del artista del estudio Disney, John Hench, guiados por este último y con la ayuda del diario de Gala, la mujer y musa del pintor español. 

El resultado final, terminado en 2003, es un corto de algo más de seis minutos de duración en el que se nos cuenta la historia de amor entre Chronos y una bailarina mortal, todo ello ambientado en un escenario al más puro estilo dalisiano. Todas las características propias de su obra y del movimiento artístico que representa (el simbolismo, el principio de discordancia, lo onírico, etcétera.) se nos muestra desde una nueva perspectiva: la audiovisual. En definitiva, una auténtica obra de arte en la que el paraíso surrealista del genial artista cobra vida para deleitar a sus más fervientes admiradores. 

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En los últimos tiempos, los artistas buscan sorprender cada vez más a su público con originales creaciones que se alejan de los formatos tradicionales. Se apuesta por nuevos formatos, materiales y las técnicas más insospechadas. 

Un claro ejemplo de estas nuevas producciones artísticas que están tan en boga, es el dibujo en arena. Se trata de una técnica en la que se emplea como lienzo una mesa de luz, la pintura se sustituye por arena de playa y los dedos del pintor hacen las veces de pinceles, consiguiendo espectaculares resultados. El mayo inconveniente de esta forma de arte es, sin embargo, su carácter efímero, pero afortunadamente, el mundo audiovisual ha acudido en su rescate para asegurarles su paso a la posteridad. 

César Díaz Melendez es uno de los animadores y expertos del stop motion españoles que ha sabido aprovecharse de esta nueva técnica para hacer auténticas obras de arte.Como explica en su MySpace

"Ha trabajado en más de cuarenta series de dibujos animados para TV, en varios largometrajes Como El CID, El sueño de una noche de San Juan, Ganadores del Goya y Famous Fred, de Joanna Quinn, nominada al oscar en1996. 
A partir de 2002 realiza cortometrajes de animación Stop motion con Arena, Plastilina y objetos, haciendose un hueco en el circuito de festivales de todo el mundo.


Mientras, trabaja en otros proyectos como en el Largometraje de Stop motion "O Apostolo" de Artefacto producciones-"El viaje de Said",cortometraje de plastilina ganador del goya 2007, Animación con arena en los creditos de la pelicula Y tu quien eres? de Antonio Mercero, así como en videoclips y spots publicitarios. Junto a esta faceta compagina su trabajo como Músico bajista en el grupo musical "El Combolinga", a la vez que colabora con otros músicos y grupos."

Una muestra de trabajo es el fantástico corto de animación, No corras tanto, que incluye música de su grupo.


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La factoría Disney ha dado un gran paso en aras de la integración de la comunidad negra al crear por primera vez en su historia, un papel protagonista para una princesa de color.

Algunos se empeñan en destacar la coincidencia de la aparición de esta película, con el ascenso de Barack Obama a la presidencia de los Estados Unidos. Pero lo cierto es que, como explicó Ron Clements, director y guionista junto a John Musker, el proyecto se presentó  a la compañía en marzo de 2006, cuando Obama aún era el senador por el estado de Illinois. La idea era hacer una versión de la tradicional historia de “El príncipe rana” de los hermanos Grimm transformándolo en “un cuento de hadas estadounidense, situado en los años 20 en Nueva Orleans, como un musical", agregó Clements. De ahí que tuviera sentido que la heroína fuera de origen afroamericano. Además, ambos cineastas reconocen que cuando lo idearon, en un principio, “ninguno de los dos se percató del “significado cultural” que tenía esta nueva historia, “y cuán importante es para una parte de la población que ha estado esperado por mucho, mucho tiempo”.

Esta barrera antirracista ya se había comenzado a superar en otras películas de la empresa gracias a otros miembros de la realeza disney, como la china Mulán, la árabe Jazmín o la indígena Pocahontas. Sin embargo y sorprendentemente, la población negra hasta ahora, no tenía representante en este mundo de fantasía. Pero a pesar de las buenas intenciones, el proyecto no estuvo exento de polémica.


En sus inicios, la controversia la generó los primeros borradores del guión en los que la princesa se llamaba Maddy, abreviatura de Madeleine, y trabajaba como criada para una familia blanca, características que algunos relacionaron con el pasado y la esclavitud. Finalmente, se replantearon el personaje que pasó a ser Tiana, una de las heroínas más “fuertes” hasta la fecha de Disney según apunta el director creativo de los estudios Walt Disney, John Lasseter. Se trata de una joven camarera y chef talentosa cuyo sueño es ser propietaria de un restaurante. Pero su vida cambia al besar a una rana y transformarse en una de ellas, por lo que comienza un viaje para encontrar la cura – otra novedad respecto al relato original-.          

“Hemos trabajado de cerca con muchos líderes de la comunidad afroamericana, de todo el país, para asegurarnos de que estamos haciendo algo de lo que se sientan orgullosas las familias afroamericanas", reconoció Lasseter al periódico The Washington Post. Y aún siendo así, han recibido duras críticas por parte de expertos en  aspectos raciales y étnicos del cine estadounidense como la catedrática de Cine y Medios de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), Allyson Nadia Field.


“Estados Unidos necesita una princesa negra”, declaró Field a BBC Mundo, “pero no sé si Tiana sea esta princesa que necesitamos, porque ella es una representación problemática de una princesa negra”. Field se basa en que, en su opinión, la película ignora las leyes de segregación racial que existían en EE.UU. en los años 20 y “esa era una época en la que uno no puede situar a un personaje negro sin hacer referencia al significado político histórico”.


La académica tampoco considera que el Barrio Francés de Nueva Orleáns y las ciénagas de Louisiana sea el escenario más idóneo para la película puesto que dicho emplazamiento le parece “una insidiosa referencia a (el huracán de 2005) Katrina”. En sus propias palabras, recogidas por BBC Mundo: “la cinta parece trazar un vínculo entre la fantasía y la realidad sobre "Katrina y el sentimiento de culpabilidad de los blancos liberales sobre la forma en que (la devastación causada por el huracán) fue manejada y el hecho de que 2.000 personas murieron y que la ciudad aún necesita ser reconstruida”.

El hecho de que su pareja en el film, el príncipe Naveen, no sea negro, ha molestado, asimismo, en algunos círculos aunque representantes famosos de este colectivo como Melanie Brown, ex integrante del grupo Spice Girls, lo defienden diciendo: "Yo no veo el problema. Deberíamos aplaudir las relaciones interraciales y tener una mentalidad más abierta".

Polémicas a parte, lo que es indudable es que Disney sienta con esta nueva película un precedente y un camino a seguir, en cuanto a películas infantiles se refiere, en múltiples sentidos. En primer lugar, transmitiendo un mensaje de integración social y tolerancia hacia lo/los diferente/s. Y por otra parte,  Tiana es un tipo de princesa diferente al que los cuentos tradicionales nos tienen acostumbrados. Ella no está en situación de dependencia de nadie ni esperando a que llegue alguien que le cambie la vida. Por el contrario, tiene una visión, un plan de futuro y todas las herramientas a su alcance para forjarse por si misma su propio destino.


Afortunadamente, aparecen síntomas de cambio en la perpetuación de los patrones y concepciones patriarcales que criticaba hace un mes en otro de mis artículos (http://latertuliadelasmusas-mial.blogspot.com/search/label/Princesas). Pero no lancemos campanas al vuelo porque habrá que ver si otros cunden con el ejemplo.  

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Hasta la próxima primavera de 2010, el Museo de Arte Contemporáneo de Nueva York rendirá un especial homenaje al genial director Tim Burton con una enorme y fascinante retrospectiva de su obra cinematográfica y literaria.


Las terroríficas fauces de un gran monstruo, propio de la mitología del director, nos sumergen y consiguen que nos evadamos en el maravilloso universo de este mago del cine que es Tim Burton. De este modo, entramos en la atractiva exposición, titulada sencillamente Tim Burton - dado que no necesita mayor presentación- donde se reúnen más de 700 dibujos, fotografías, storyboards, muñecos y artefactos, muchos de ellos sacados de estudios y colecciones privadas de sus colaboradores. Además de la proyección de toda su filmografía, la muestra incluye también material de proyectos nunca trasladados a la pantalla, pósters de sus películas de todo el mundo y creaciones como su colección de figuras. 

La cronología de este viaje de fantasía por el imaginario de Burton arranca concretamente en 1971, cuando siendo  adolescente filmó La Isla del Dr. Agor y Houdini, sus dos primeros cortometrajes con un grupo de amigos en el jardín trasero. Tiempo después  trabajaría varios años en la factoría Disney, al darse la casualidad de que nació y creció en la misma ciudad donde Walt Disney erigió la sede de su empresa de animación. Una vez acabó su vinculación con la compañía comenzaría a pincelar su gran universo creativo reflejado en sus 12 obras maestras entre las que destacan Eduardo Manostijeras, Big Fish o Sweeney Todd.


Tal es la trascendencia y magnitud de esta seductora exhibición que se han reservado cuatro plantas del MoMA  para realizar la mayor retrospectiva que este museo ha dedicado jamás a un cineasta en su historia. Por ello, cuando se lo propusieron al director de cine, Burton pensó que se trataba de "una elaborada broma". Sin embargo, cuando comprobó que no lo era, no dudo en abrir sus cajones para desempolvar todo el material amontonado a lo largo de sus cerca de treinta años de carrera. Como reconoció a la prensa hay gran parte de este que ni siquiera él recordaba por lo que mucho de lo que podrá encontrarse en el museo es totalmente inédito. Ron Magliozzi, uno de los comisarios de la muestra destacó: “No hay otro cineasta vivo con la reputación y el nivel de logros de Tim Burton cuya obra completa haya estado tan escondida de la vista pública, y ver tanto material previamente inaccesible en el contexto de un museo debería impulsar una renovada comprensión y una nueva apreciación de este admirado artista”.

Este regalo único para los numerosos incondicionales del original director permanecerá en el MoMa hasta el 26 de abril del 2010, y sirve para ir abriendo boca hasta el estreno de su próxima película, una revisión de Alicia en el País de las Maravillas.


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Desde el inicio de los tiempos, la sociedad ha recurrido a los cuentos para tratar de inculcar los valores y principios fundamentales de la cultura en los niños.  Sin embargo,  la perspectiva desde de la que se explican estas historias está plagada de contenidos sexistas. De este modo, se ha difundido a un público indefenso como son los niños, y de generación en generación,  mensajes de carácter ético y moral que han provocado daños probablemente irreparables, especialmente, en lo que se refiere al rol femenino en nuestra sociedad. El problema es que en la actualidad algunos de los nuevos discursos literarios que más triunfan entre los adolescentes, pero también entre los niños, lejos de subsanar estos conflictos vienen a reproducirlos e incluso a reforzarlos aún más. Tal es el caso del fenómeno literario-cinematográfico Crepúsculo.


Sylvia Puentes de Oyenard en su libro “De Cenicienta a la Moza Tejedora: la mujer en los cuentos infantiles” analiza diferentes cuentos clásicos de la literatura infantil como son los de Hans Christian Andersen, los hermanos Grimm o Charles Perrault, con figuras femeninas como protagonistas llegando a la conclusión de que pese a los diferentes destinos, siempre se muestra el mandato de que la mujer debe ser virtuosa, moral, sumisa y vivir para hacer el bien.


En esta misma línea, Eugenia Tarzibachi habla, en su artículo “Con ese cuento a otra parte”, del éxito de los cuentos de princesas entre las niñas de todas las épocas, incluida en la actual, como demuestra “el rosa chicle que vemos en los escaparates de las jugueterías o en locales de ropa para niñas generalmente se acompaña de la imagen de las princesas (en versión Disney)”. Ella considera que a través de las narraciones tradicionales sobre princesas se nos señalan unos patrones de conducta femenina recurrentes: Las protagonistas de las historias son bellas, dulces, dóciles y dependientes; un rasgo de pasividad funciona como hilo conductor que enlaza estos relatos. Además de los rasgos mencionados, “se reitera la idea de la recepción del beso, el casamiento y su asociación con la imagen idealizada, permanente y aconflictiva, de la felicidad”.


En estas historias existen dos tipos de mujeres diferenciadas: unas son jóvenes bellas en posición de ser-para-otro (esto es, se definen por ser esposa, criada, hija…Nunca por ellas mismas); y las otras son mujeres feas, malvadas y crueles pero que también se encuentran en dependencia de un hombre o de la aprobación de la mirada del otro (Eugenia Tarzibachi pone como ejemplo, la metáfora de la pregunta al espejo de la madrastra de Blancanieves).


Pero, ¿por qué siempre tienen que ser guapas las princesas? ¿Se hace una criba de “mujeres imperfectas” no aptas para ser princesas? ¿O es que en la sangre azul hay algún tipo de componente genético que hace que siempre salgan bellísimas?  ¿Y por qué son tan cobardes y poco independientes que tienen que esperar a que venga el príncipe de turno a que las salve? Y esa es otra, ¿Por qué siempre están en apuros y necesitan ser salvadas de brujas, dragones, ogros, madrastras, etc.?


Precisamente, Eugenia Tarzibachi destaca este hecho: “Además de la pasividad, la dependencia femenina se escurre en las diferentes historias. Mujeres desgraciadas que son tuteladas (por sus padres ¡y hasta por los enanitos!) o que necesitan ser protegidas, rescatadas por los hombres. En estas narrativas pareciera que la exogamia se logra para las mujeres mediante el amor romántico y la institución familiar”. Pareciera que la mujer sin amparo masculino no podría sobrevivir, por ello: “antes casada, aunque sea con una bestia, que quedarme solterona”, menos mal  que como premio por fijarse en la belleza interior, (¡¡Tachán!!), la bestia o la rana se convierten, como no, en príncipe... (Menudo refuerzo positivo).


Cabría pensar que en el pleno siglo XXI, se ha producido un gran cambio en el ámbito de los principios morales y éticos. Pero si analizamos nuestro modelo de pensar veremos que aún no hemos superado esta barrera. Es más, aún hoy en día sigue imperando el mismo discurso que veíamos en los cuentos infantiles en novelas actuales como el boom de la saga para adolescentes Crepúsculo. 



Los fans de esta tetralogía, llevada también al cine (incrementando consecuentemente su éxito), o inclusive, los medios de comunicación divulgan la idea de que estos libros reflejan una gran historia de amor entre una adolescente y un vampiro. Sin embargo, si profundizamos más en la novela, nos damos cuenta de que el mensaje esencial que transmite se encuentra en directa relación con los valores negativos, y ciertamente machistas, que difundían las narraciones tradicionales que comentábamos.


La protagonista de Crepúsculo, Bella Swan, es una adolescente de 16 años flacucha, vulgar, introvertida, tranquila y dócil. Bella, presenta tan alarmante falta de autoestima y se quiere tan poco así misma, que está obsesionada con que “es tan poca cosa” que no se explica cómo un “adonis” como el vampiro de sus deseos, Edward Cullen, se enamore de ella.


Otro aspecto que comparte con los cuentos de princesas es que se encuentra en situación de total dependencia masculina. Muestra de ello es que vive por y para su enamorado, hasta el punto de que si él la abandona, no tiene reparos en tratar de suicidarse.  Tampoco le importaría tener que marcharse sin despedirse de su familia, amigos, en definitiva, abandonar toda su vida para poder pasar la eternidad bajo la protección de su amado, incluso cuando ello implique la conversión vampírica. Y por supuesto, como buena princesa, constantemente necesita ser salvada de las situaciones más peligrosas. Y si su vampiro no puede socorrerla… ¡no hay problema! porque allí está su mejor amigo el hombre lobo o su padre para ayudarla.  


Con este mensaje que se sigue transmitiendo a la humanidad, ¿podremos las mujeres ir a “otra parte”, como expone Eugenia Tarzibachi? ¿Podremos superar estas concepciones patriarcales y lograr una verdadera igualdad de sexos? ¿O estamos condenadas a perpetuar los mismos patrones sociales?

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En este momento en que la oferta cinematográfica resulta bastante pésima y cada vez es más difícil encontrar una buena película en la cartelera, se consolida con más fuerza que nunca un género que algunos vienen a considerar ya como el Noveno Arte por encima de “otros candidatos como el cómic (aunque éste ya parece haberse quedado con la denominación de "noveno arte"), la radio (que ya no tiene nada que ver con las maravillas que se hacían en las ondas antes de que la televisión "acabara" con ella) o desde luego, los vídeojuegos”. Nos referimos a las series de televisión que sin ser obviamente una nueva invención -El 15 de agosto de 1932 la CBS norteamericana transmitió la primera serie de televisión del mundo llamada Revista Mundial- nunca antes en su historia habían alcanzado las dimensiones actuales hasta el punto de casi sustituir al Cine.

Las razones de su creciente importancia pueden hallarse, entre otras muchas, en los nuevos estilos de vida de nuestra sociedad. Debido a nuestro ritmo de vida plagado de responsabilidades profesionales y personales el tiempo que tenemos para dedicar al ocio se reduce considerablemente, y esto es una ventaja de la que se han sabido aprovechar las series cuya duración no suele sobrepasar la hora. Mientras tanto, y de manera inexplicable, las películas son cada vez más largas cuando a menudo esto no está ni siquiera al servicio de la trama.
Por otro lado, ante la crisis económica que atravesamos las familias no pueden permitirse pagar una entrada que cada vez es más cara- el precio de los tickets supera ya ¡!los 6 euros!!- . La televisión, en cambio, permite ver las series de manera gratuita aunque si realmente quieres ver una buena serie tienes que o bien esperar un tiempo hasta que las canales convencionales las emitan- afortunadamente algunas cadenas como Cuatro apuestan por las buenas series-, o si la impaciencia te puede, abonarte a las plataformas de televisión digitales. No obstante, si no puedes permitírtelo siempre podrás acudir a Internet…

Las nuevas tecnologías han sido sin lugar a duda el verdadero motor de las series de televisión logrando su popularización. Gracias a los diferentes programas de descarga gratuitos y fáciles de usar el acceso a las series se ha democratizado casi totalmente y por fin podemos disfrutarlas en todas partes del mundo sin la hasta ahora horrible espera.

 
La tendencia es a importar series extranjeras que en su mayor parte proceden del mundo anglosajón, con EE.UU. a la cabeza. Su atractivo se halla en que las hay para todos los gustos: las policiales como 24, Prisión Break o CSI; las históricas como los Tudor o Roma; los dibujos animados de los Simpsons, Futuraza o Padre de Familia; las fantásticas como Supernatural o Perdidos; las juveniles de Gossip Girl o One Tree Hill, por nombrar alguna de las que se han convertido en verdaderos fenómenos sociales.
Muestra de este fenómeno son las miles y miles de páginas web, foros, etc. que se dedican a este género. Como señala el periodista y escritor Hernán Casciari en su blog al hablar de Perdidos: “Quién lo iba a decir: la muerte del cine reinventa y mejora al cine. El cine es soledad, esto en cambio es “vivir juntos”, no es “morir solos”. Salir disparado a los foros después de un episodio, para reformular teorías. Hacer revisionismo”.

Este es el verdadero poder de las grandes series; imitando la vieja fórmula de las novelas de folletines, te enganchan y se vuelven realmente adictivas. Su fuerza es tal que consiguen monopolizar las conversaciones en la calle, en los bares, en las reuniones de amistades…

¿Estaremos ante el génesis de un nuevo tipo de arte o no es más que una moda pasajera como tantas otras? No lo sé. Lo que es innegable es que algunos productos televisivos alcanzan tal calidad cinematográfica -con todo lo que ello comporta- que bien podrían considerarse auténticas piezas de arte a la altura de obras maestras clásicas del Cine.
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Cuando en el otoño de 1942, la joven Traudl Junge fue elegida para trabajar como secretaria privada de Adolf Hitler poco podía sospechar lo que esta circunstancia supondría.
Traudl, que se manifestaba apolítica, recuerda en el documental La Secretaria de Hitler. En el Ángulo Muerto que su primer encuentro con el Führer fue muy tranquilo y que él se mostró amable y paternalista: “Siempre tuvo una actitud paternal hacia mí. Yo, que no tuve padre (sus padres se divorciaron cuando ella era pequeña), nunca había sentido algo parecido. Era seguridad y protección” explicaba la secretaria. Esto hizo que, como ella misma señala, tardara en madurar al adaptarse tan bien bajo esa figura paternal. “Cuando me contrató, sólo me hizo una observación. Me dijo que yo era muy bonita, y que las mujeres bonitas se casaban muy rápidamente y renunciaban a sus trabajos. Me hizo una broma y me dijo que me convenía afearme “como una negra”, que me deformara los labios. Pero yo le dije que no debía preocuparse. Que en mis 22 años de vida jamás había conocido un hombre, y que así continuaría. Y él se rió mucho cuando me escuchó. ¿Cómo fui capaz de decir algo así?”. Con esta anécdota, la señora Junge pretende dar muestras de la inocencia de una muchacha sumisa que siempre se mantuvo al margen de los proyectos megalómanos y de la criminalidad del dictador: “Nunca tuve sensación de que Adolf Hitler persiguiera objetivos criminales. Para él eran ideales”.


La secretaria personal, que estuvo en contacto casi diario con él durante tres años, hasta el suicidio del dictador alemán en el búnker, sólo reconoce al amable caballero que hablaba en voz baja y que poco se ajustaba a la figura vociferante de su imagen pública. De este modo, en el documental se nos traza a través de las palabras de la mujer un perfil de Hitler hasta ahora desconocido que no tiene prácticamente nada que ver con el genocida que ahora todos conocemos. En las imágenes vemos a una anciana que mira el pasado y se siente culpable por haber trabajado para un hombre que ella admiraba tanto y por aceptar tan irreflexivamente todo. Traudl tiene claro que Hitler era un criminal aunque ella dentro de su “ceguera”, su indiferencia o su desprotección, antes comentada, no se diera cuenta. El testimonio de Traudl nos hace pensar que muchos de los que trabajaban para Hitler carecían de la información sobre lo que realmente ocurría, aunque sin embargo, ésta no era imposible de conocerse. Es más, la secretaria asegura que pudo haberse enterado de muchas cosas, pero que no lo hizo. Por esta razón, si bien cuenta su historia personal, de alguna manera, la secretaria de Hitler sugiere también a los otros, y no sólo a la población alemana de la época o a su propia generación, sino a todos los hombres y mujeres, a su peligrosa apatía, su inconsciencia y su comodidad que es la causa de que no se cuestionen las situaciones y las acepten sin más, como si fueran ajenas a sus personas: ¿está dispuesto el hombre a observar, reflexionar y tratar de comprender la realidad que se muestra ante sus ojos?

El desconocimiento por parte de Traudl, achacado a su supuesta ingenuidad, le conduce al sentimiento de culpa ahora que ya conoce la verdad. “A medida que envejezco, más culpable me siento. No ignoro nada de lo que ocurrió, la muerte de seis millones de judíos, el exterminio de gente de otras confesiones e ideas. He leído mucho, y no puedo perdonarle a esa joven que fui haber aceptado ese trabajo. Yo pude haberlo rechazado, pero no lo hice. Hitler fue un absoluto criminal” apostilló Trauld.

Con declaraciones de tal rotundidad y fuerza, no se hace extraño que el rasgo distintivo de este documental sea su pronunciado rechazo a cualquier clase de intervención sobre el testimonio de Traudl Junge. No se muestran ni reconstrucciones del pasado, ni tomas reales en blanco y negro de aquel momento histórico, ni siquiera se han aprovechado fotografías del álbum personal de la testigo que parecieran restar monotonía y enriquecer el discurso. Tampoco se usa ningún tipo de música, sonido o imagen relacionada con el Führer. En este caso, todos esos recursos se hacen innecesarios. La cámara se limita a mostrar a la mujer sentada en una silla relatando desde sus comienzos el trabajo de secretaria de Hitler hasta los caóticos momentos finales del régimen, porque la verdadera fuerza del documental reside en el relato. Por ello, bastan los primeros planos de un rostro, una voz anciana, marcada por una experiencia singular y terrible y sobre todo, la voluntad de aventurarse en la memoria para rememorar la propia conducta, “exorcizar los fantasmas de la culpa y exponer ese proceso a la mirada de los otros” como apuntan los directores de este poderoso y conmovedor documento histórico ante el que nos encontramos.

Como vemos, Traudl se muestra incapaz de perdonar a esa joven que una vez fue y que bien por candidez, bien por ignorancia, la llevaron a venerar a Hitler. Pero al mismo tiempo, trata de justificarse ante la audiencia y explicar el por qué de sus actos siempre mirando fijamente al objetivo de la cámara, sin ocultar la mirada. En sus ojos podemos ver la plasmación de su sentimiento de dolor, la tristeza o la misma impotencia que a medida que avanza la película se va traduciendo en alivio y en la búsqueda de la complicidad del interlocutor en miras de alcanzar su ansiada redención. Pero el perdón, que ya no tanto deseaba Junge, sino que realmente necesitaba, no se hallaba en los demás, sino en ella misma como demuestra un último mensaje suyo a los realizadores del documental poco antes de morir: “Creo que ahora estoy empezando a perdonarme”. Únicamente, una vez se hubo librado de esta pesada carga que arrastró en silencio durante tantos años, pudo descansar en paz.